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Dicen que todos los caminos llevan a Roma y, en el triángulo campiñés constituido por el Guad al-Quevir y Guad al-Jobs, todos los caminos llevan a Ategua. No es extraño, por tanto, encontrar caminos, veredas y calzadas romanas que buscan la vieja ciudad turdetana que viera sus días hasta bien entrada la Edad Media.
El yacimiento arqueológico de Ategua tiene 4.500 años de antigüedad y está ubicado a escasos kilómetros de la barriada periférica de Santa Cruz. En la actualidad posee una zona de protección que supera las 205 hectáreas. Por contra, la superficie declarada Bien de Interés Cultural (al igual que ocurre con Medina Azahara) es de apenas 31 hectáreas. A través de las viejas piedras, de los restos de casas o de la antigua muralla, puede recrearse el pasado de los pueblos que vivieron en esto parajes, desde el Neolítico hasta la época medieval. El yacimiento conserva estructuras de las diversas épocas por las que ha atravesado, tales como la muralla ibero-romana, casas, cisternas y templo romanos, fortaleza y zoco islámico, en un claro ejemplo de superposición de ciudades históricas. Los restos constructivos más antiguos de Ategua pertenecen a la fortificación ibero romana, que defiende la totalidad de la cima de la loma y parte de las laderas. Por el lado suroeste, la muralla, de 8 dm de anchura y edificada sobre un reborde granítico, se ve complementada por otra línea de fortificación situada un centenar de metros más abajo; esta última, que permanece enterrada y fue localizada por A. Blanco, es de más consistencia, 1.70 metros de espesor y es, como la primera de mampostería.
La muralla puede rastrearse, tanto por la topografía del terreno como por las afloraciones aisladas de lienzos, en casi la totalidad del perímetro urbano ibérico. Por el lado oeste la construcción discurre aproximadamente por la cota 250; en este sector, el de pendiente más pronunciada, es visible un tramo de lienzo de gran espesor y realizado con mampuestos de gran tamaño. La muralla describe por el norte una trayectoria en progresivo ascenso, hasta alcanzar su cota máxima al este, 290. Es éste el sector mejor conservado, donde pueden admirarse lienzos de hasta 3 m. de altura en una complicada organización militar de envergadura. La construcción de las murallas se realizó con piedra granítica de la zona. La técnica edilicia se basa en el empleo de piedras y lajas irregulares colocadas en hileras horizontales en dos paramentos paralelos, y en el relleno del espacio interior con piedras y tierra. En las esquinas y en los cimientos se escogieron piedras de mayor tamaño, labradas como sillares. Estas zonas basases se adelantan en talud hacia el exterior de los muros que, por el contrario, son totalmente verticales al interior. En algunos puntos de la ladera el afloramiento granítico fue aprovechado como cantera, según se aprecia en las entalladuras aunque no es posible determinar la cronología de esta actividad. En la ladera oeste se conserva uno de los puntos de abastecimiento de agua a la ciudad, la llamada Fuente de Teba. Se trata de una alberca redonda hecha de sillería y con caños de plomo. La ruta se compone de 50 km, podeís verla aqui. |